No corras antes de caminar.

"Globos-metálicos"

¡Quiero volver a tener la inocencia de una niña de quince años! Exijo que el tiempo se detenga, que regrese momentáneamente al pasado. Ahora recuerdo con cierta añoranza lo impaciente que estaba por crecer, como creía que dominaba al mundo, cuando solamente era una pequeña adolescente. Quiero regresar a esa certidumbre que todas las posibilidades estaban al alcance de mi mano, y que no podía equivocarme. A esas ansias que tenía por crecer, y que me dejaran de tratar como una niña chiquita.

Quiero regresar a esos momentos en donde los globos metálicos eran la sensación en los cumpleaños y los días de San Valentín. Recuerdo como siempre exigía que me regalaran un globo en mis festejos, todo llamativo, con colores fosforescentes y grandes letreros que expresaban su cariño por mí. Porque ese globo representaba la ingenuidad, la facilidad que teníamos para ser felices con cualquier cosa.

Ahora no puedo evitar sonreír cuando veo a los señores sosteniendo los hilos de las docenas de globos que intentan vender, no importa si tienen la impresión marca en globo metálico, o simplemente son las figuras de las nuevas caricaturas, o los clásicos que siguen vendiendo desde que era una niña.

Que una amiga te regalara un globo significaba un montón de cosas que los adultos no podían entender. Era el símbolo de la amistad, un poco de que todos te vieran por unos momentos que alguien te quería lo suficiente, y pues sí, cierta pertenencia. Son sentimientos que tienen que ver con la inmadurez, de alguna manera, y que después se van atenuando bajo la importancia de otras responsabilidades.

Algunos se extrañan porque si vamos a un evento, me quedo contemplando esos globos (porque también son multiusos), pero evocan para mi otra época, otro tiempo en el que todo se solucionaba con más facilidad. Esos tiempos que ahora se escurren dentro de mi memoria, pero que siempre estarán presentes en lo que me he vuelto.

Si eres un adolescente el que está leyendo esto, te aconsejo que disfrutes tu juventud, que aunque suena a consejo de viejito, no corras antes de caminar. Y con caminar me refiero a ir por un sendero tranquilamente, disfrutar del sol en tu piel, de los amores juveniles, de la caricia de tus padres cuando estás triste, y del sosiego que da el no tener responsabilidades. Porque cuando se corre, no se hace por gusto, es porque la vida ya no te permite detenerte, ya no es posible que contemples, ahora debes actuar. Y créeme, eso cansa. Nada es tan fácil como cuando eres joven.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *